25 junio 2011

"Breves notas sobre la procesión del Corpus Christi"

El jueves (o el domingo) posterior al domingo de la Santísima Trinidad, o sea, dos domingos después de Pentecostés, se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, cuyo acto propio y característico es la procesión eucarística y la bendición final.
La procesión del Corpus Christi representaba -y representa- la más solemne expresión pública de adoración a Jesucristo, en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, misterio central del cristianismo. La fiesta del Corpus Christi tiene sus orígenes en la respuesta a las doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y en el movimiento de piedad eucarística de los siglos XII y XIII.
Aunque la Bula Transiturus de Urbano IV, no alude expresamente a la procesión, parece casi presuponerla o inspirarla. De hecho, así sucedió en toda la cristiandad. La procesión tiene como fin poner de manifiesto la presencia de Cristo en la vida pública, en las calles y plazas, recibiendo la adoración de los ciudadanos y de sus autoridades.

Como afirma Righetti (Historia de la Liturgia, o.c., t. I, pags. 872-873), \"todo lo que el celo del clero y la fe ardiente del pueblo, secundado por sus gobernantes, pudo encontrar de pomposo, de rico, de sumamente decorativo, todo fue admitido al servicio del Rey de la gloria, para hacer más triunfal su paso por las calles de los barrios y de las ciudades\".
Todos los elementos de la procesión se prestaban a múltiples lecturas simbólicas, unas tomadas por analogía con las entradas triunfales de los reyes, otras por transposición de los ritos y ceremonias que rodeaban el arca de la alianza, y otras, en fin, que recordaban la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Es cierto que las ciudades se limpiaban y engalanaban a la llegada de los reyes, a los que se recibían con festejos populares, danzas, representaciones simbólicas, como los del recibimiento de Felipe II en Sevilla, el año 1570, que relata Juan de Mal Lara (MAL LARA, Juan de: Recebimiento qve hizo la mvy noble y muy leal Ciudad de Seuilla a la C. R. M. del Rey D. Philipe N. S. con vna breve descripción de la Ciudad y su tierra. Compuesto por Iuan de Mal Lara. En Sevilla, en casa de Alonso Escriuano. 1570, Edic. Manuel BERNAL y Antonio Miguel BERNAL, Sevilla, Fundación El Monte, 1998). Pero, como bien observa Romero Abao, la procesión del Corpus se nos muestra como un montaje escénico religioso, destinado a resaltar la Eucaristía como eje del misterio de la Alianza de Dios con su pueblo (ROMERO ABAO, Antonio del Rocío: \"La procesión del Corpus Christi en Sevilla en el tránsito del siglo XV al XVI. Una construcción llena de simbolismo religioso\", en CASTAÑEDA, Paulino y MARTÍN DE LA HOZ, José Carlos (Coords): Eucaristía y Nueva Evangelización. Actas del IV Simposio La Iglesia en España y América: siglos XVI-XX, Córdoba, Obra Social y Cultural Cajasur, 1994, ps.115-116.
La procesión reúne a toda la sociedad, ordenada y jerarquizada en sus principales instituciones: el clero, el gobierno, los gremios. Así hizo David al trasladar el Arca de la Alianza (I Cro 15) Ahora es trasladada el Arca de la Nueva Alianza, en el que se contiene el Cordero degollado, con cuya sangre ha adquirido para Dios \"hombres de toda raza, pueblo y nación\" (Apoc. 5, 9)Históricamente, y al igual que sucede hoy en día, en los días previos a la procesión, las ciudades y los pueblos se movilizan para limpiar y adornar las calles. A lo largo del recorrido, se disponen diferentes especies vegetales y florales que permiten acotar el espacio y sacralizarlo, es decir, apartarlo temporalmente del uso profano para dedicarlo a un uso religioso. En la noche anterior o en la misma mañana se alfombra el suelo con juncias y con otras hierbas aromáticas, como el arrayán, el tomillo, el romero, la lavanda, el poleo, etc. En los libros de fábrica de las parroquias quedaban anotadas anualmente las partidas por el trabajo de cortar y transportar los ramos y los haces de juncia y demás. El gesto se relaciona con el de la Fiesta de los Tabernáculos: \"cortaréis ramos de árboles de adorno, palmas, ramas de árboles frondosos y de sauces, y haréis fiesta siete días en presencia del Señor\" (Lev 23, 40-41) Pero sobre todo viene a recordar el triunfal recibimiento de Cristo en Jerusalén, a cuyo paso cortaban ramos de palmas y olivos, y extendían sus mantos sobre el suelo (Jn. 12, 12-13).


Enrique V. de Mora Quirós.
Abogado. Doctor en Derecho.
Profesor de la Universidad de Cádiz.

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